Observamos que las Tecnologías de la Información (TI) tienen en la actualidad un rol fundamental en la democratización del conocimiento, ya que actúan generalmente como un elemento marcadamente igualitario, que permite a muchas personas acceder a saberes a los que no tendría entrada de otro modo.
Vivimos en la era del conocimiento y aunque no creemos que poseerlo sea una panacea, consideramos que juega un papel cada vez más relevante en nuestras sociedades. Paradójicamente, a medida que el conocimiento cobra mayor importancia, se crean cada vez más barreras que impiden, limitan o controlan la posibilidad de acceso a esos saberes.
Un ejemplo de esto son las leyes de canon digital que rigen en muchos países. Éstos son impuestos sobre bienes tecnológicos que sirven para reproducir o transmitir la información de alguna manera, tributos que se sustentan en la suposición de que dichos bienes se usarán para realizar copias no autorizadas de obras protegidas por derechos de propiedad intelectual.
Otro ejemplo es la tecnología DRM (Administración de Derechos Digitales) que pretende controlar el uso que las personas hacen de un bien tecnológico (por ejemplo, una computadora o un teléfono móvil) para impedir que puedan realizar determinadas acciones que podrían ser ilegales. Estas imposiciones no sólo constituyen una violación a la presunción de inocencia y a la privacidad, sino que también obligan a que todas las personas que consumen esos bienes paguen un sobreprecio (el impuesto) para compensar las supuestas pérdidas de ganancias de quienes poseen derechos de propiedad intelectual (sobre cualquier obra que usted podría llegar a copiar).
En resumen, las industrias de contenidos suponen que si usted tiene la posibilidad de hacer copias no autorizadas de diferentes obras, entonces lo hará; es decir, que todos los consumidores de tecnología somos "piratas informáticos" que copiamos ilegalmente música, software, libros digitales, etc., y por ello la industria discográfica, del cine y del software, deben ser recompensadas.
Al mismo tiempo que estas medidas perjudican económicamente al conjunto de la sociedad, violando nuestros derechos, también limitan la posibilidad de acceder al conocimiento y a la cultura.
Que la información, el conocimiento y la cultura sean esencialmente libres implica muchas cosas, por ejemplo, el derecho a conocer las cuentas públicas (y que existan métodos de acceso sencillos), la agilización de la burocracia gubernamental a través de sistemas de información (e-gobierno), la posibilidad de que las personas y organizaciones de bajos recursos accedan a bienes intangibles de altísimo valor (por ejemplo, programas de computadora) que de otro modo serían inalcanzables, o que medios como Internet sean utilizados para que los artistas puedan dar a conocer sus obras (cambiando de hecho el modelo de negocio que imponela industria discográfica y que excluye a la mayoría de los artistas), entre otros ejemplos.
Internet, la Wikipedia, el Software Libre, los libros digitales libres, las creaciones artísticas libres, son recursos invaluables con los que hoy se puede contar para permitir que más personas puedan formarse, educarse y capacitarse. Esto realmente contribuye a la disminución de la brecha digital, en contraste con muchas de las medidas que suelen tomar los gobiernos que se anuncian como creadoras de oportunidades igualadoras, pero que en realidad sólo buscan realizar negocios rentables con empresas multinacionales monopolistas.
Quienes conformamos el equipo de trabajo de Speed Books Argentina compartimos y sostenemos estos conceptos y valores. Creemos que el software libre ofrece enormes posibilidades para que más personas logren una alfabetización tecnológica de excelencia. Esto incluye también la formación de los profesionales informáticos.
Creemos que el software libre es un camino para que los profesionales informáticos podamos ejercer nuestra displina sin vernos abrumados por disyuntivas morales a cada paso. Para muchos de nosotros, formados en la universidad en la utilización de software privativo, a sido difícil introducirnos en lo que al principio nos parecía un universo paralelo. Debido a esa misma formación, generalmente, nos resulta tanto más difícil entender, modificar, ajustar y aplicar con éxito los modelos de negocio propios del software libre.
Esperamos aprender, junto a profesionales de otras disciplinas (incluyendo las artísticas) a rentabilizar nuestro trabajo sin renunciar a nuestros valores éticos.
A nuestro entender, la tecnología no constituye por sí misma un beneficio para las personas, sobre todo si viene impuesta y despojada de los valores éticos sobre los que nuestras sociedades se fundamentan.
Cuando realmente logremos constituirnos como sociedades hermanas, solidarias e igualitarias, estaremos más cerca de lograr individualmente mejores oportunidades y calidad de vida, que es en definitiva la promesa incumplida del progreso tecnológico.
Esperamos que esta iniciativa que tomamos sirva a muchas personas como un pequenísimo aporte para que poco a poco, colectivamente, nos acerquemos a estas metas.

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